¡Rodando! Revista de Cultura cinematográfica n1 2026 - Sección Estrenos
La momia de Lee Cronin (2026)
Director/a: Lee Cronin
Guionista: Lee Cronin
Productores/as: John Keville, James Wan, Jason Blum
Intérpretes: Jack Reynor, Laia Costa, May Calamawy, Natlie Grace, Verónica Falcón, May Elghety...
Duración: 133 minutos
País: USA
Género: Terror
Un grupo de adolescentes recibía unas serias instrucciones por parte de Lola, la taquillera. La sala estaba llena y no se podías sentar todos juntos y debían mantener silencio y molestar lo menos posible. La sala fue llenando, pero no se escuchó ni una mosca después de que comenzará la película, La momia de Lee Cronin. Me imagino que más que por respeto por lo que veían en pantalla. Digo esto porque no es fácil que nos escuche un comentario, una broma, etc. en una sala repleta de público joven.
Hay que achacárselo a lo que veían en pantalla, un horror tras otro, desde el principio hasta el final.
La película de Cronin se llama La Momia, pero podría llamarse con más tino "El exorcista" dada la proximidad temática sin dejar de ser original, pero en el cine de terror hay que elegir entre una de las dos vías, la de la continuidad o la de la originalidad. Un filme estrenado este año pasado "Weapons", por ejemplo, apostaba por la segunda vía, la de la novedad.
La momia es una eficaz película de terror, sigue los modelos clásicos, pero aplicando algo que no debe faltar en el género: poca luz y efectos especiales. Cronin elige una falso remake sobre la tradición (las películas múltiples desde la primera "momia"), para pasarse al género de las posesiones y exorcismos. No renuncia a los orígenes egipcios ni en lo físico ni en lo mítico, pero luego se decanta con eficacia hacia un drama familiar y el exorcismo, por la posesión diabólica. Luego se rompe el espacio original con una inmersión en Nuevo México, que es donde se produce la parte intensa del terror.
De esta forma, el director y guionista realiza una fusión de géneros y espacio, de Egipto actual al Oeste norteamericano, del relato mítico al drama familiar, un elemento bien trabado que le da densidad psicológica.
Excelente fotografía y una banda sonora de infarto, llena de ruidos y efectos sonoros como para poner los pelos de punta al más sereno, mezclado con cosas de The Band y otros sonidos ambientales de la época.
Si le gusta sufrir con palomitas, La momia de Lee Cronin es una buena elección. Los críticos y el público la han valorado bien, algo que no es fácil dentro del género.
JMA
El diablo viste de Prada 2
Director: David Frankel
Guionista: Aline Brosh McKenna, basado en la obra de Lauren
Weisberger
Productores/as: Michael
Bederman, Aline Brosh McKenna, Wendy Finerman, Elizabeth Niles y Karen
Rosenfelt
Intérpretes: Meryl
Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt, Stanley Tucci, Justin Theroux, Simone
Ashley, Kenneth Brannagh, Lucy Liu...
Duración:
119 minutos
País: USA
Género: Comedia
/ drama
El
lanzamiento de El diablo viste de Prada 2
ha tenido carácter mundial y podemos rastrearlo más allá de la crítica
cinematográfica. No sé bien si es fruto de la mercadotecnia, el resultado de un
filme que logró convertirse en clásico o probablemente una mezcla de ambas.
La
película tiene muchas cosas a su favor: un reparto impecable, un guion muy
interesante —una combinación ajustada de comedia y crítica— y una realización
funcional. A diferencia de muchas secuelas actuales que buscan simplemente
vivir de las rentas pasadas, El diablo
viste de Prada 2 aguanta bien su nueva presentación.
Hay dos
aspectos que hacen destacar la película. El primero de ellos es el gran reparto
que nos pone en pantalla. Los actores repiten sus personajes, algo que no es
fácil hoy en día. Eso permite dar continuidad a los personajes de la primera
película y crear un tiempo real en esos veinte años que les separan. No nos
continúan simplemente una historia,
sino que esta se nos muestra como una distancia real, un camino recorrido que
ha marcado a los personajes. Esto quiere decir que cada uno de ellos acumula
experiencias que les han modificado su percepción de la vida.
La
Miranda que teníamos en 2006 no es la de hoy, está llena de matices que una
actriz como Meryl Streep sabe dosificar. Los demás actores han evolucionado y
su forma de actuar parte de esa experiencia que se nos va mostrando durante la
película.
Un
reparto que cuenta con Meryl Streep (que estuvo nominada al Oscar en 2006 por
este papel), Anne Hathaway, Emily Blunt, Stanley Tucci, Kenneth Brannagh, Lucy
Liu, Justin Theroux, por citar solo los principales, tiene garantizada la atracción
del público.
Meryl
Streep vuelve a hacer una auténtica creación del personaje, como ya lo hizo
hace veinte años. Es una mezcla perfecta para crear un personaje sobre el que
gira la trama y a la que responden bien los actores y actrices que le dan las
réplicas. Streep sabe darle la dimensión dramática al personaje en medio de esa
distancia que le crea, esa soledad disfrazada de autosuficiencia en un mundo
terriblemente competitivo, cruel, sin piedad.
El otro
aspecto, sin duda, es el guion, en el que repite la francesa Aline Brosh
McKenna, que también estuvo nominada a los BAFTA por el guion adaptado de 2006.
Hay una voluntad clara de contar con la máxima conexión con la película
inicial. Están los actores y aquello que les dio vida, el guion con el que
funcionó la historia y ellos en sus interpretaciones.
El
guion se sigue centrando en el mundo de la moda, pero ya no es el mundo que
vimos hace veinte años. La historia se adentra en los cambios en el mundo de la
comunicación, en cómo se han trastocado los valores en todos los niveles. Si la
moda necesita comunicarse, el mundo en
el que tendrá que hacerlo supone unas nuevas formas y valores, un gran cambio
en los modelos de empresas y el valor que estas conceden a las personas.
Seguimos
viendo un mundo competitivo, pero el engaño, las malas artes se ven por
doquier. Es en este mundo en el que los personajes deberán ponerse a prueba y
ver hasta dónde quieren llegar y qué dejarse en el camino.
El
director David Frankel —ganador de un Oscar al Mejor Filme Corto en 1997—, también repite en la nueva película, maneja
con eficacia la narración y se centra en el juego que le ofrecen los actores y
el guion.
Contar
con el director, la guionista, los actores de una película de éxito veinte años
después nos muestra con claridad una voluntad, la de volver a reunir lo que
funcionó para que funcione de nuevo. Por ello la película no se copia a sí
misma, sino que explora este viaje en el tiempo, la hace una película de hoy,
con problemas de hoy y con una visión desde el presente.
Al
final de la película, los créditos recogen una larguísima lista de personas que
se "interpretan a sí mismos", es decir, personas reales, la mayoría
de ellas del mundo de la moda, además de Lady Gaga que canta durante un pase de
modelos. Todo esto no es casual, sino que muestra la disponibilidad de muchas
personas para aparecer en un proyecto que les gustó en su momento y en el que
ahora quieren participar.
El diablo viste de Prada 2 se ve con placer, viendo lo
nuevo en lo pasado, sintiendo que ese mundo ha cambiado como probablemente lo
haya hecho el espectador en su butaca. La respuesta de la crítica, por lo que
hemos podido apreciar, ha sido positiva valorando esfuerzo y voluntad.
En
estos tiempos de exprimir los remakes, El diablo viste de Prada 2 ha tratado de
mantenerse a la distancia justa del pasado. Creo que lo ha logrado.
JMA
El día de la revelación
(Steven Spielberg 2026)
Director:
Steven Spielberg
Intérpretes: Emily Blunt (Margaret Fairchild), Josh O'Connor (Dr.
Daniel Kellner), Colin Firth (Noah Scanlon), Eve Hewson (Jane Blankenship),
Colman Domingo (Hugo Wakefield), Wyatt Russell (Jackson)...
Música: John Williams
Fotografía: Janusz Kaminski
Duración: 145 minutos
País: USA
Género: ¿Ciencia-Ficción?
Nos cuentan en la prensa que siendo niño el padre de Steven Spielberg le sacó de la cama en plena noche junto a sus hermanos. "Había ovnis", les dijo a él y a sus hermanos, pero "habían llegado tarde" y ya se había ido. Puede que se fueran del cielo de aquella noche, pero de donde no se fueron fue de su mente. A los ovnis les ha dedicado el director una parte repetitiva de su obra cinematográfica.
La anécdota de su
infancia la podemos interpretar de muchas formas, según nuestros gustos: como
intento de recuperar aquello a lo que no llegó para tristeza de su padre, como
un episodio más de los norteamericanos sobre las formas de ocultación de la
vida más allá de los Estados Unidos. Los ovnis son una exclusiva
cinematográfica norteamericana, pues nunca aterrizan más allá de sus fronteras
o entablan contacto con los que no son norteamericanos; una excepción relativa
es la magnífica La llegada (Denis
Villeneuve 2016). Es una especie de agravio turístico extraterrestre que no
reivindicamos buscando una solución repartida justamente.
Pero las visitas de
extraterrestres a los Estados Unidos tienen un rasgo específico que conecta con
el recelo inicial contra los gobiernos: estos le ocultan muchas cosas a los
ciudadanos. Esa era la base de la exitosa serie televisiva Expediente X.
Dudamos ya si se trata de una cuestión política o de Ciencia-Ficción dada la complementariedad de ambos temas. El mismo título de la película, El día de la revelación (2026) tiene ya una serie de connotaciones claras a través de la oposición "revelación / ocultación". El día, sí, ha llegado: "Escuchad".
Esta conversión del
tema en "clásico" por parte del cine norteamericano en general y de
Steven Spielberg en particular, ya sea por vía nacional o de infancia
frustrada, tiene sus ventajas e inconvenientes. ¿Ventajas? Conecta con un
momento especialmente conspiranoico de la sociedad norteamericana. El propio
Trump ha jugado con la distracción de "lo suyo" desclasificando los
casos sobre posible vida extraterrestre. ¿Desventajas? Exige una originalidad
en un camino temático demasiado estrecho, lleno de puntos necesarios para
avanzar con cierta "lógica"; igualmente, la originalidad se ve
restringida y no te puedes alejar lo que muchos "creyentes" den por
bueno.
¿Y la película? La crítica ha sido positiva y ha ponderado el trabajo conectándolo con otras partes de la obra de Spielberg. Para una película de estas características, la originalidad es esencial y hay que señalar que hay un buen guion, entendido esto como una historia que nos tiene sujetos al asiento, que descubre las cosas cuando ya se ha creado la incertidumbre y el desasosiego. Es una historia convergente entre dos líneas que representan los personajes encarnados por Emily Blunt (Margaret Fairchild, una presentadora televisiva del tiempo) y un informático a la fuga encarnado por Josh O'Connor (el Dr. Daniel Kellner). Vamos saltando de uno a otro hasta que lo inexplicable se va enmarañando para llegar a la explicación final.
Hacer convincente
desde el punto de vista narrativo este tipo de historias no es sencillo. El
trabajo de los actores, junto a un malo interpretado por Colin Firth (Noah Scanlon),
ayuda mucho. Están creíbles dentro de unos papeles de por sí requeridos de la
buena voluntad de los espectadores. Buen trabajo de la actriz Eve Hewson, como Jane
Blankenship, la novia de Kellner.
Mucha conspiración, mucha
ocultación y, como se nos dice, poca confianza en la propia humanidad y su
capacidad de enfrentarse a estas revelaciones. Unos toques de conspiración
otros de tecnología extraterrestre, alusiones a lugares sospechosos de aterrizajes
y la historia queda zanjada.
Steven Spielberg da
buen ritmo a una historia a la que quizá le sobran unos cuantos minutos, pero la
necesidad de explicar las cosas lleva su tiempo. Nos muestra muchas de sus
características estilísticas, como su gusto por las iluminaciones a contraluz.
Buena la fotografía de Janusz Kaminiski y no podía faltar la música de John
Williams.
Ayer el cine estaba
casi lleno de gente de muchas edades y cuando llegaron los créditos finales se escucharon
aplausos.
Toy Story 5 (2026)
Directores: McKenna Harris y Andrew Stanton
Guionistas: McKenna Harris y Andrew Stanton
Fotografía: Matt Aspbury y Jean-Claude Kalache
Música: Randy Newman, Taylor Swift
Producción: Pixar, Disney
Duración: 1 hora 41 minutos
Si le
gusta el cine de animación, debe ver Toy
Story 5: si no le gusta el cine de animación debe ver Toy Story 5.
No es
un juego de palabras, sino la constatación de que Pixar ha conseguido dar un
paso más en la animación. Toy Story forma parte de la historia del cine de
animación y del cine a secas. Supuso un punto de partida para la nueva
animación digital cuando saltó a las pantallas en 1995. Han pasado treinta años
desde entonces en un mundo en el que los avances en tecnología de la imagen, la
potencia de procesamiento y las nuevas posibilidades permiten apreciar los
cambios de filme en filme.
En un
mundo de imitación de lo propio, donde es difícil innovar en lo tecnológico y
en lo argumental, se lanza un nuevo Toy
Story que consigue hacerlo en los dos ámbitos, en el de su universo creado
y en la tecnología, además de en lo puramente cinematográfico. Toy Story 5 es una película apreciable
en todos los órdenes: en el argumental lanza una historia coherente, actual y
acorde con su propio desarrollo de los personajes; desde el punto de vista
tecnológico es innovadora, buscando desarrollar nuevos caminos visuales; y,
finalmente, desde el punto de vista cinematográfico es una buena película, en
lo que supone encuadres, planos, iluminación, montaje, movimientos de cámara.
Todo ello nos hace olvidarnos de que estamos ante una animación y nos recrea
ese mundo doble de juguetes y personas, con sus conflictos específicos.
Pues de
eso se trata de ofrecernos un fantasioso mundo creíble. Y se hace mediante la
creación de un conflicto real: lo que supone el abandono de los juguetes
(estamos ante una historia de juguetes) en beneficio de las pantallas, de los
dispositivos electrónicos.
Ese es el tema central con el que la película nos lleva a contemplar la historia. En las películas anteriores, el drama de los juguetes era el crecimiento de sus dueños; los niños y niñas crecen y dejan de interesarse por sus juguetes. Ese era el drama, el inevitable crecimiento y al abandono de los juguetes.
Hoy el
problema es muy distinto: se trata del abandono de los juguetes y de la
imaginación que permitían por el abuso de las pantallas. Es ahí donde se centra
acertadamente el núcleo de las pantallas. Se nos muestra casas en las que padre
e hijos pasan horas ante las pantallas, absortos, sin usa su imaginación,
dejándose llevar, desarrollando unas complicadas amistades que se canalizan a
través de las redes. Se nos muestra el abandono de los juguetes porque los
posibles amigos se ríen de ti si todavía juegas con los viejos juguetes. Son
algo "viejo".
Pero
esos juguetes son los que activan la imaginación de los niños que los
transforman en aquello que quieren imaginar. La película dirige su drama hacia
la soledad del que queda fuera de esas redes, su vergüenza por vivir fuera del
tiempo digital. La película es crítica en este sentido.
Hay también un desplazamiento suave hacia cuestiones de género, con un predominio de los personajes femeninos, tanto juguetes como personas. Es el signo de los tiempos y se nos muestra con naturalidad. No se renuncia a los viejos protagonistas, pero el énfasis está en ellas.
En el aspecto técnico, la película es impecable en su creación de un mundo en el que la imagen alcanza un elevado grado de realismo, casi natural. La fotografía es espléndida y no se acobarda ante contraluces, atardeceres, sombras en las habitaciones, escondites bajo las camas... No es fácil recrear un mundo tan realista en un mundo de juguetes y humanos. Por eso se establece el mundo fantástico en el que las niñas imaginan cuando juegan con ellos. Ese es el verdadero reino de la imaginación. Muy lograda esa diferencia de tratamiento visual entre lo "real" y lo "imaginado" durante el juego.
El tercer
aspecto es también sobresaliente, el del trabajo de dirección que nos muestra
ese mundo doble. Es lo que podríamos llamar el estilo cinematográfico. Las cámaras recorren ese mundo haciéndolo
real, complementando a la perfección del tratamiento visual que la técnica
consigue recrear.
De esta
forma, Toy Story 5 es una experiencia
que, adulto o niño, se puede disfrutar y emociona por el grado de sincronía de
los tres aspectos.
Es una
satisfacción ver cómo no se ha tratado de una secuela más, sino que se percibe
el interés por avanzar, por seguir haciendo historia.
Joaquín Mª Aguirre















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